22/3/09

Este año ningún guasón "disfrutó" del VI Naciones


Cuando era más joven, viaje en viejos coches para ver el rugby, bebíamos güisqui, apostábamos por los que ganaban. Cuando era más joven, era cinco Naciones , ahora ya son seis.

Entonces veíamos el rugby los sábados por la tarde en la tele, hasta que nos lo codificaron para ponérnoslo difícil. El domingo también veíamos rugby en La Cartuja, aquel Ciencias campeón de Bosco, Justiniano o Coco y por la tarde, algunos, veíamos Betis, el de siempre, una vez en Segunda, otra en primera.

Ya ni siquiera bebemos güisqui, la mayoría. Así que no apostamos por nuestros equipos. Pero el rugby sigue siendo espectacular. Ayer debió ser impresionante el partido en Cardiff. Los dos desheredados de nuestra época se jugaban el torneo y se lo llevaron los de verde. (la foto la he sacado del sitio oficial del torneo). Para leer una crónica en español, ésta, por ejemplo. o ésta, que tiene un vídeo.

19/3/09

Una prueba superada


Hoy los correos de los hermanos guasones han echado humo. Hacía tiempo que no vivíamos una jornada con tantas tonterías en el buzón. La verdad es que ya iba siendo hora de recuperar las buenas costumbres. Como muestras de la intensidad de la jornada dejamos una fotillo que se convirtió en una prueba de agudeza visual para los hermanos. Por cierto, casi todos la superaron con suficiencia.

6/3/09

Sin animus molestandi (sólo un poco)

"Por razones ajenas a nuestra voluntad comunicamos a los señores clientes que esta noche no será posible ofrecerles nuestra caldereta de león. Firmado: El Gerente".

Este fue el anuncio que pudimos leer ayer durante la reunión de la Permanente. El gran Fernando siempre en su Sitio.

30/12/08

De cómo tres hermanos se encaraman a un bus...

Cuando pasé a recoger al Gran Hermano, llovía copiosamente. Traté de llamarlo por teléfono con el móvil pero su obsesión por mantener en funcionamiento un aparato con medio hálito de vida se había tornado en manía.

Tras varios intentos sonó la voz de una mujer al otro lado de las ondas. Era su mujer. Fue una conversación breve. Un corte brusco de la conexión me hizo pronunciar varias frases al vacío. Un saludo cortés fue lo único que pudimos salvar de aquel breve intercambio.

Lo intenté de nuevo. Apagado o fuera de cobertura. Resignado volví a colocar el móvil en el bolsillo de la chaqueta y proseguí conduciendo.

Al llegar a la altura de su casa no reconocí el lugar. Un frondoso jazmín, amplio en salud y muy generoso en flor, poblaba la valla de la vivienda del Gran Hermano. Tuve que aplicar la vista entre las imágenes borrosas, deformadas por los hilos de agua deslizándose cristal abajo. Hice sonar el claxon.

Paraguas en mano, la mujer del Gran Hermano salió a recibirme. Bajé del coche y le deseé felices fiestas. Me instó a que aparcara y entrara. Y así lo hice. El Gran Hermano aún no había terminado de prepararse para una de las grandes citas guasonas anuales.

Saludé a Rocío. Jugaba con pequeñas figuras del Belén. La prima del Gran Hermano -junto a su marido- presente en el salón, conminó a la pequeña a que me saludara. Con un leve mohín entendí que no tenía la menor intención de hacerlo. Ni se me ocurrió insistir. No me gustaba en absoluto que me obligaran de pequeño a besar a gente que no conocía.

En ese momento bajó el Gran Hermano. Tras la oportuna inspección y consejos de su mujer para que no empeorase el resfriado, partimos hacia Ciudad Expo. No me pude aguantar y le conté mis planes de cambiar de coche. Estuvo contándome su experiencia con los 4x4. El Lexus -me advirtió- gasta mucho.

Nos habíamos retrasado y, claro, el Hermano Abuelo, resguardado bajo la evidencia de haber estado jugando a golf, llevaba esperando unos minutos ya en la parada del autobús. La pérdida de peso y el gorro calado hasta las cejas que llevaba -imprescindible para salir de casa, así lo confesó- nos hicieron dudar sobre si era él. Era él, con sus manos enfundadas en unos "calentitos" guantes marrones a juego con el gorro. La bufanda hacía juego con la chaqueta, comprada cuando los kilos aún pesaban en el abdomen.

Lo convencimos para que se subiera el coche y recorriera la distancia desde la casa del Hermano Chincheta hasta la misma parada que había abandonado hacía unos minutos. Un santo.

Por fin alcanzamos de nuevo la parada. Lo primero fue preguntarnos si el autobús que se acercaba iba para Sevilla. Evidentemente no iba. Un hermoso cartel escrito con la desesperación de los conductores lucía pegado en el cristal. "NO VA A SEVILLA". Evidentemente, no hacía falta preguntar.

Al segundo hubo mejor suerte y nos subimos. Fue cuando llamé al Hermano Pepote. Coincidió -creo- con el episodio del cigarrillo con la adolescente que podéis leer abajo. Hice lo propio con el Hermano Miliki. Me dijo que el Hermano Loco estaba a su lado.

Hasta llegar a San Juan, todo fueron conjeturas sobre cuál sería el comportamiento del Hermano Loco aquella noche. Todo una incógnita en aquel momento...

28/12/08

La cena de navidad Guasona

Eran las ocho de la tarde. Hacía frío. Llovía ligeramente. En la parada de bus esperaba aterido el sonido del teléfono que confirmaría que los hermanos más adentrados en Mairena ya estaban a bordo. Sólo tenía un euro en el bolsillo. Espero que alguno de los hermanos lleve suelto. Si no el chófer iba a tener que tirar de calderilla.

Una pareja de jóvenes, muy jóvenes, esperaba también, sentados y en animada conversación. Por mi proverbial discreción no recuerdo nada. El teléfono sonó. El hermano Chincheta me confirmaba que el operativo ya se había iniciado con éxito y relativa puntualidad. La chica sacó un cigarrillo y lo encendió. Le dió una calada y el gusano con ruedas apareció en la rotonda. Resignada, descabezó el pitillo y lo reservó para un mejor momento.

Hay cosas que no cambian con el paso de las generaciones. El autobús siempre tarda en llegar, pero en cuanto enciendes un cigarrillo aparece de la nada.

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Capítulo II


Parto de casa a la hora prevista. Todo es diferente a otros años. Sábado por la noche, lluvia y frío. Llevo ocupada una mano con mi paraguas. No es una situación habitual y la verdad, estamos incómodos los dos.


Con mi gorro de nieve marrón avanzo por la acera a paso ligero. Me aprieta un poco y pienso: desde la última vez que me lo puse algo habrá pasado. ¿Es posible un aumento del Céfalo con el transcurrir del tiempo? Preguntaré a los hermanos Guasones más implicados en estos asuntos por una explicación. Ellos tienen más experiencia en estos fenómenos.


Arribo a la parada a la hora y no hay sorpresas. Sólo, “El Capitán Pescanova” está sólo, pero sereno. Evidentemente, tratándose de estos dos la cosa marcha por su camino. La parada se va llenando poco a poco y en la esquina de la calle un coche oscuro se detiene. Me hace unos “guiños descaraos” pero yo no puedo ver dentro del vehículo. Sombras gigantescas impiden cualquier visión más allá del parabrisas. Demasiada densidad dentro del habitáculo. Arrastrado por su propia gravedad orbito dentro, aún consciente de que esta imprudencia arruinará el plan previsto…