21/9/09

Arroces de la marisma

En un intento de reactivar la maltrecha economía de nuestra provincia, la Guasonería decidió este domingo hacer una generosa contribución a las arcas de la taberna El Velero. A propuesta de nuestro amado hermano Abuelo, el domingo nos plantamos a la orilla del Guadalquivir dispuestos a degustar unos arroces típicos de la tierra.


En la imagen se pueden ver las tres cazuelas con los escasos granos de arroz que lograron escapar a la voracidad guasona. Tal fue la situación que no dio tiempo a fotografiar los recipiente llenos e hirvientes.

Lo previsto eran degustar y arroz con pato, que tan cerca de la marisma arrocera, parece que era lo propio. Pero los guasones son gente reincidente y recordaron el festín navideño de los carabineros. Será por aquello de la seguridad pero la mayoría optó por los carabineros, aunque para contentar a tirios y troyanos finalmente cayeron los carabineros, el pato y hasta un portugués que pasaba por allí.

Por cierto, que La Guasonería acudió presta a la cita. Es verdad que no suele fallar cuando se trata de yantar. Estuvieron los agriposos y faltó el griposo A.

28/8/09

El Pepote cuarentón

Aquí están las fotos del Hermano Pepote en su cuarenta cumpleaños, celebrado en el insigne club social de la urbanización del Hermano Chincheta.

Promoción, dirección y organización. La guasona Inés.

Peón: El Hermano Chincheta.

UNA NOCHE GUASONA CON CASI TODOS SUS ALIÑOS.

Gracias

No había imaginado que cumplir los 40 me iba a dejar tan grato recuerdo.

4/8/09

Lo que había en Tentudia y no vieron vuestros ojos

En el origen monacal de la hermandad de la Guasonería, debe tener un lugar especial el Monasterio de Tentudia, será por lo del vino. Dos de los hermanos moteros visitaron el paraje no ha mucho tiempo y debío ser aquel un día aciego o tan embelesado quedaron con las maravillas de la piedra exteremeña que no apreciaron otros exornos del entorno.

Nuestros dos hermanos guasones, quizás ahítos del caldo de Tentudia, se marcharon del lugar sin vislumbrar la cruz tras la que se ondulaba el paisaje extremeño. Vive dios, decían, allí no había más cruces que las de la iglesia del monasterio.

Esta que yo fotografié debieron llevarla a restaurar justo después de marchar de la zona. Pero más extraño aún es que ni Chincheta ni Candela descubrieran el juego de los monjes des-carados. Dos amantes de la fotografía como ellos, amén de amantes de tonterías de este tipo, no podían pasar por este lugar sin quedar inmortalizados cual monjes guasones originales.


Yo sí lo hice, claro.
Como es lógico ya en el origen de la hermandad Pepote era el monje escriba, así que ahí se me ve con mis pergaminos a cuestas.