Como veréis, el resultado, al menos el mio, no es para tirar cohetes, de eso ya hay muchos encargados en el Aljarafe que diría el amigo Pedro Preciado Sanchez (usted disculpe mi atrevimiento pero es escuchar un cohete y acordarme de usted, vamos, que le tengo en mi mente a todas horas).
Después, la cervecita fresquita, el paté de cabracho y las inconmensurables anchoas dieron el merecido reposo a los "artistas" antes de acometer el reto final, aquel en el que los trípodes demostraron que no suele ser recomendable retrasar la jubilación más de lo razonable y los balanceos se movieron del magenta, al blanco y sobre todo, al amarillo, que como todos saben es el color de Sevilla cuando cae la noche.+copia.jpg)
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